miércoles, noviembre 04, 2009
puuufff
Odio a la gente que tiene requisitos para ser una persona culta... digo; si te gusta esto, quedás fuera del grupo, si tenés un cd de este otro, OLVIDATE.
Odio a los profesores cuya corrección es ; esto está raaaaaro.
Odio las propagandas de sprayete, o como corno se escriba.
Odio la gente tan, pero tan falsa, que cuando se mira al espejo todas las mañanas, muere del susto al no reconocerse.
Dicho esto, puedo afirmar alegremente, que me libro preferido, sigue siendo Rayuela, que mi película preferido, problablemente siga siendo la sirenita, y que ese lugar, al que vos llamas raaaaaaro, a mi, me parece de lo mássss interesante, fijate.
puf.
Odio a los profesores cuya corrección es ; esto está raaaaaro.
Odio las propagandas de sprayete, o como corno se escriba.
Odio la gente tan, pero tan falsa, que cuando se mira al espejo todas las mañanas, muere del susto al no reconocerse.
Dicho esto, puedo afirmar alegremente, que me libro preferido, sigue siendo Rayuela, que mi película preferido, problablemente siga siendo la sirenita, y que ese lugar, al que vos llamas raaaaaaro, a mi, me parece de lo mássss interesante, fijate.
puf.
viernes, octubre 30, 2009
jueves, octubre 22, 2009
domingo, octubre 04, 2009
sábado, octubre 03, 2009
Ella
No tuve palabras. Abrí la boca para justificar este nudo que llevo en el estómago. Yo, que nunca me quedo sin palabras. Que siempre tengo una respuesta, incluso cuando no soy una persona demasiado abierta. En ese momento, no supe qué decir. Me reí de lado y esbocé: "es mi hermana". Sonreí, y las palabras quedaron flotando en el aire.
Es que no es fácil quererme. Soy arisca, neurótica, testaruda. Lo reconozco. Sé que no comprendo bien el arte de la diplomacia. Tengo un cáracter particular que se lleva en la sangre, y la mayoría de las veces me siento tan enjaulada que estallo en los momentos más inesperados.
Entonces no puedo explicarlo. No tiene razón de ser. Ella que hace oídos sordos a las cuestiones de las cuales me arrepiento minutos después, me comprende mejor que nadie. Que a pesar de todo, nunca me abandonó, y me siguió hasta el final en cada una de mis locuras para rescatarme y traerme de vuelta. A ella, que la vuelvo loca con mis cosas, que a las cuatro de la mañana le expongo mis teorías más delirantes sobre la vida, a quien aburro hasta la muerte con mis historias. A ella, que me hirió de muerte con su perspectiva, y por la cual me digné a derramar unas cuantas lágrimas.
A ella que le falle tantas veces y muchas sin darme cuenta, a ella le dedico todos los momentos en los que soy increíblemente feliz.
Es que no es fácil quererme. Soy arisca, neurótica, testaruda. Lo reconozco. Sé que no comprendo bien el arte de la diplomacia. Tengo un cáracter particular que se lleva en la sangre, y la mayoría de las veces me siento tan enjaulada que estallo en los momentos más inesperados.
Entonces no puedo explicarlo. No tiene razón de ser. Ella que hace oídos sordos a las cuestiones de las cuales me arrepiento minutos después, me comprende mejor que nadie. Que a pesar de todo, nunca me abandonó, y me siguió hasta el final en cada una de mis locuras para rescatarme y traerme de vuelta. A ella, que la vuelvo loca con mis cosas, que a las cuatro de la mañana le expongo mis teorías más delirantes sobre la vida, a quien aburro hasta la muerte con mis historias. A ella, que me hirió de muerte con su perspectiva, y por la cual me digné a derramar unas cuantas lágrimas.
A ella que le falle tantas veces y muchas sin darme cuenta, a ella le dedico todos los momentos en los que soy increíblemente feliz.
Hay cosas, a veces sutiles y otras no tanto, que cuando uno está tirado en su cama, en penumbras con la música apenas perceptible y la guardia muy baja, lo golpean deliberadamente.
Nunca pensé que en una charla de sobremesa, en un restaurante que él odia sin remedios, iba a descubrir que está viejo. Que ambos estamos viejos. Que ibamos a tener una charla sobre los sueños y las ambiciones de la vida, y que le iba a confesar mi preocupación por la escasa habilidad de serme fiel a mi, y por sobre todas las cosas a mi. Esas charlas donde él no me ve como una nena, y me aconseja " lo más importante siempre, es ser feliz". Y en ese gesto, en esa sabiduría transmitida, iba a notar la veta del paso del tiempo. Iba a darme cuenta de sus canas, de que ese hombre, a pesar de ser una de las personas más duras que conozco, me ama como nadie me va a amar jamás. Y por supuesto yo a él.
Nunca me imagine, que las relaciones eran como muchos decían tan complicadas. Cuando los desencuentros, las torturas cotidianas, las obligaciones y demás cosas, hacen que uno no esté en los momentos indicados, o que aquellos momentos nunca sean los que uno cree.
Que mi hermano a pesar de la eterna guerra sin sentido que sostuvimos todo lo que recuerdo de vida iba a lamentar mi ausencia el día de su cumpleaños. O que mi hermana, con todo lo que supo ser en mi vida, hoy sea la persona que más extraño. Incluso cuando estamos codo a codo en la mesa de los domingos.
Nunca supuse que mis primos tenían miedo de no encontrar el amor. Que mis amigas tenían exactamente las mismas preocupaciones que yo de no llegar nunca a realizarse como personas. O que a pesar de todo, su ausencia no iba a terminar por matarme.
Son cosas que nunca me detuve a pensar, cosas que nunca vi venir. Pruebas de que el tiempo pasa, mientras uno está muy ocupado mirando para otro lado.
Nunca pensé que en una charla de sobremesa, en un restaurante que él odia sin remedios, iba a descubrir que está viejo. Que ambos estamos viejos. Que ibamos a tener una charla sobre los sueños y las ambiciones de la vida, y que le iba a confesar mi preocupación por la escasa habilidad de serme fiel a mi, y por sobre todas las cosas a mi. Esas charlas donde él no me ve como una nena, y me aconseja " lo más importante siempre, es ser feliz". Y en ese gesto, en esa sabiduría transmitida, iba a notar la veta del paso del tiempo. Iba a darme cuenta de sus canas, de que ese hombre, a pesar de ser una de las personas más duras que conozco, me ama como nadie me va a amar jamás. Y por supuesto yo a él.
Nunca me imagine, que las relaciones eran como muchos decían tan complicadas. Cuando los desencuentros, las torturas cotidianas, las obligaciones y demás cosas, hacen que uno no esté en los momentos indicados, o que aquellos momentos nunca sean los que uno cree.
Que mi hermano a pesar de la eterna guerra sin sentido que sostuvimos todo lo que recuerdo de vida iba a lamentar mi ausencia el día de su cumpleaños. O que mi hermana, con todo lo que supo ser en mi vida, hoy sea la persona que más extraño. Incluso cuando estamos codo a codo en la mesa de los domingos.
Nunca supuse que mis primos tenían miedo de no encontrar el amor. Que mis amigas tenían exactamente las mismas preocupaciones que yo de no llegar nunca a realizarse como personas. O que a pesar de todo, su ausencia no iba a terminar por matarme.
Son cosas que nunca me detuve a pensar, cosas que nunca vi venir. Pruebas de que el tiempo pasa, mientras uno está muy ocupado mirando para otro lado.
miércoles, septiembre 16, 2009
A veces uno pierde la secuencia de sus acciones, y cuando deja de ser el dueño de su propio universo, se pregunta cómo fue que todo terminó como terminó.
En algún momento, y hastiada de todo, seguramente elegí pasar desapercibida. Moverme sigilosamente por las sombras, sin detener el mundo para hacer una aparición triunfal en la vida de nadie. Y me divertí. Me sentí expectadora mucho tiempo. Creí poder salir ilesa de toda situación. Caminando por una cornisa demasiado frágil.
Hasta que me di cuenta, que no solo me convertí en un fantasma, sino que además me volví intrascendente.
En algún momento, y hastiada de todo, seguramente elegí pasar desapercibida. Moverme sigilosamente por las sombras, sin detener el mundo para hacer una aparición triunfal en la vida de nadie. Y me divertí. Me sentí expectadora mucho tiempo. Creí poder salir ilesa de toda situación. Caminando por una cornisa demasiado frágil.
Hasta que me di cuenta, que no solo me convertí en un fantasma, sino que además me volví intrascendente.
martes, agosto 18, 2009
Ella sueña que despierta. Que sus manos realmente pueden sentir todo aquello que antes solo rozaban. Imagina que puede gritar sin culpas, sin sentir el ardor de la calumnia ajena. Respira, una, dos... cuatro veces. Sueña que está viva, que no siente peso sobre sus hombros, ni responsabilidades indeseadas. Imagina que por fin sale de las tinieblas, para moverse en puntas de pie por un mundo tibio y aterciopelado.
Sueña, hasta que un golpe helado en la nuca le recuerda que sigue anestesiada.
Sueña, hasta que un golpe helado en la nuca le recuerda que sigue anestesiada.
viernes, agosto 07, 2009
He keeps breaking my heart. And there's nothing I can do. Nothing.
No podría soportar perderlo; él es mi corazón, es todo lo que me queda de corazón. Es la persona que me recuerda por qué la esencia es tan importante. Por qué no está del todo mal todo lo que pienso y todo lo que siento.
Buenos Aires ruge, y todo lo que puedo pensar es en lo mucho que me hace falta. En el enojo profundo e infantil que siento con su persona.
No podría soportar perderlo; él es mi corazón, es todo lo que me queda de corazón. Es la persona que me recuerda por qué la esencia es tan importante. Por qué no está del todo mal todo lo que pienso y todo lo que siento.
Buenos Aires ruge, y todo lo que puedo pensar es en lo mucho que me hace falta. En el enojo profundo e infantil que siento con su persona.
martes, julio 21, 2009
Zona de promesas
Zona de promesas
Intérprete: Soda Stereo
"Mama sabe bien
Perdi una batalla
Quiero regresar
Solo a besarla
No esta mal
Ser mi dueño otra vez
Ni temer que el rio sangre y calme
Al contarle mis plegarias
Tarda en llegar
Y al final, al final
Hay recompensa
Mama sabe bien
Pequeña princesa
Cuando regrese
Todo quemaba
No esta mal
Sumergirme otra vez
Ni temer que el rio sangre y calme
Se bucear en silencio
Tarda en llegar
Y al final, al final
Hay recompensa
En la zona de promesas"
lunes, junio 29, 2009
martes, junio 02, 2009
Hace días que mi cabeza no deja de dar vueltas. Que late al punto de convertirse en una espantosa sensación. La velocidad con la que se mueve todo a mi alrededor es vertiginosa. Y mientras me acaricio la sien, sentada en la mesa, en silencio, entre libros, fotocopias y apuntes, pienso cuán poco me interesa todo esto, y cómo desearía estar allá, con ella.
lunes, mayo 11, 2009
Te miré entre las sábanas. Te espié un largo rato. Vos estabas absorto en el techo, en aquella mancha de húmedad que nunca me molesté en arreglar.
Suspirabas, planeabas. Todo giraba a tu alrededor. No me concediste ni uno de tus pensamientos. Tenías la mirada ida. Tus ojos se veían tristes y cansados. Yo solo podía observarte desde este lado del abismo. Sin poder tocarte, sin poder hablarte. De repente nos habíamos convertido en dos extraños.
Eras tan hermoso, era una imagen tan dolorosa. No me miraste. Pasaron dos horas en las que no compartimos siquiera el aliento. Ese ruido ensordecedor que se escuchaba de fondo, esa puñalada en el medio del alma. Sabíamos exactamente de qué se trataba.
El trato fue nunca engañarnos. Nunca herirnos. Cómo si acaso eso fuera posible. Me reí, ampliamente. Giré para acostarme sobre mis espaldas y reí, como hacía rato no podía hacerlo. Vos también reíste. La tormenta nos pasó de largo, sin previo aviso, sin siquiera molestarnos.
Nos miramos, con esa mirada cómplice que solo dos personas en paz pueden sostener. Me besaste la frente y te fuiste.
Sobre mis espaldas quedé mirando el techo. Sentí nostalgia. Sentí en el estómago que nunca más iba a verte. Y sonreí, sonreí aliviada.
Suspirabas, planeabas. Todo giraba a tu alrededor. No me concediste ni uno de tus pensamientos. Tenías la mirada ida. Tus ojos se veían tristes y cansados. Yo solo podía observarte desde este lado del abismo. Sin poder tocarte, sin poder hablarte. De repente nos habíamos convertido en dos extraños.
Eras tan hermoso, era una imagen tan dolorosa. No me miraste. Pasaron dos horas en las que no compartimos siquiera el aliento. Ese ruido ensordecedor que se escuchaba de fondo, esa puñalada en el medio del alma. Sabíamos exactamente de qué se trataba.
El trato fue nunca engañarnos. Nunca herirnos. Cómo si acaso eso fuera posible. Me reí, ampliamente. Giré para acostarme sobre mis espaldas y reí, como hacía rato no podía hacerlo. Vos también reíste. La tormenta nos pasó de largo, sin previo aviso, sin siquiera molestarnos.
Nos miramos, con esa mirada cómplice que solo dos personas en paz pueden sostener. Me besaste la frente y te fuiste.
Sobre mis espaldas quedé mirando el techo. Sentí nostalgia. Sentí en el estómago que nunca más iba a verte. Y sonreí, sonreí aliviada.
domingo, abril 26, 2009
sábado, abril 18, 2009
Envidio a toda esa gente que con solo juntar las palmas de sus manos sienten una clase de alivio. Que puede sentarse una hora, un fin de semana, en un banco frío y encontrar toda clase de respuestas a sus reproches. Siento envidia de que la palabra fe, sea sinónimo de esperanza y paz. Siento celos.
No reniego de todas aquellas costumbres que me han enseñado a través del tiempo, con sacrificio, con una necedad implacable. Simplemente ahora las cuestiono.
Y ahora te envidio, profundamente.
No reniego de todas aquellas costumbres que me han enseñado a través del tiempo, con sacrificio, con una necedad implacable. Simplemente ahora las cuestiono.
Y ahora te envidio, profundamente.
lunes, marzo 09, 2009
No soy esa clase de personas que va a naufragar en tu espera. No tengo la calma suficiente de anteponer tus caprichos a los míos. Soy individualista, y de una manera filosamente egoísta.
No voy a regalarte ni un cuarto de este corazón que me queda. No voy a esperar tus llamados, no voy a sentarme a esperar ráfagas mejores. No pretendo que cambies de opinión, no quiero sentir tus venas. No me interesa tu pasado, y tampoco tengo pensado compartir el mío.
Tampoco me quejo de mi soledad, ni de esta falta de amor. Tengo un alma inquieta, altanera. No te pido nada. Quizás mañana me aburra de todo esto y lo deje olvidado por algún rincón.
Pero por esta noche, bailemos.
No voy a regalarte ni un cuarto de este corazón que me queda. No voy a esperar tus llamados, no voy a sentarme a esperar ráfagas mejores. No pretendo que cambies de opinión, no quiero sentir tus venas. No me interesa tu pasado, y tampoco tengo pensado compartir el mío.
Tampoco me quejo de mi soledad, ni de esta falta de amor. Tengo un alma inquieta, altanera. No te pido nada. Quizás mañana me aburra de todo esto y lo deje olvidado por algún rincón.
Pero por esta noche, bailemos.
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