viernes, marzo 17, 2006

Si fuera tan fácil y solo se tratara de cerrar una puerta y abrir otra... Si fuera tan fácil como solo dar un beso en la mejilla y decir hasta luego. Si fuera tan fácil que bordeara lo absurdo, como solo subirse a un colectivo e irse...
Pero es tan dificil volar tan lejos. Es tan dificil volver a una jungla y juntar las fuerzas para seguir sobreviviendo. Es tan dificil dejarte acá con la duda clavada en el alma de si voy a volver a verte. Es tan dificil dejarte ir... quizá tanto como reclamarte.
Las cosas hay que enfrentarlas cuando llegan, y a mi me llegaron más rápido de lo que las esperaba. Debería ser cada vez más fácil... pero es cada vez más dificil. Tanto que se me estruja el corazón de solo pensarlo...

sábado, marzo 11, 2006

Mi tango preferido

Uno
Música:
Mariano Mores
Letra: Enrique Santos Discepolo


Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias.
Sabe que la lucha es cruel
y es mucha pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina...
Uno va arrastrándose entre espinas
y en su afán de dar su amor,
sufre y se destroza hasta entender
que uno se ha quedao sin corazón...
Precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
a un amor que lo engañó...
¡Vacío ya de amar y de llorar
tanta traición!

Si yo tuviera el corazón...
(El corazón que di...)
Si yo pudiera como ayer
querer sin presentir...
Es posible que a tus ojos
que me gritan tu cariño
los cerrara con mis besos...
Sin pensar que eran como esos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir.
Si yo tuviera el corazón...
(El mismo que perdí...)
Si olvidara a la que ayer
lo destrozó y... pudiera amarte..
me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor...

Pero, Dios te trajo a mi destino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré cómo quererte...
Déjame que llore
como aquel sufre en vida
la tortura de llorar su propia muerte...
Pura como sos, habrías salvado
mi esperanza con tu amor...
Uno está tan solo en su dolor...
Uno está tan ciego en su penar....
Pero un frío cruel
que es peor que el odio
-punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor-
maldijo para siempre y me robó...
toda ilusión...

martes, marzo 07, 2006

“No soy quien creo que soy…” me susurró al oído y me dejo perpleja. Pero no dio más explicaciones que esa, y yo tampoco las pedí… así que fue la sentencia final. Después de todo ante semejante descubrimiento no hay explicaciones válidas. Seguimos caminando por la calle, y nos detuvimos nuevamente; “¿y entonces? ¿en quién crees que te convertiste?” Él no me miró y contesto molesto… “no lo sé, por los momentos voy dedicarme a disfrutar de esta incertidumbre”. Me pareció lo más adecuado, y no volvimos a tocar el tema.
Pero mi propia personalidad no estaba conforme con ello; uno no puede andar por la vida sin saber quién es o creyendo ser otro distinto al que fue hasta el momento. Hubo un silencio muy importante. Cuando se lo dije casi gritando y muy molesta unos cuantos días después, él me miro muy preocupado y se limitó a preguntarme “¿por qué?”. No tuve respuesta coherente… “por que no se puede y punto”. Seguimos caminado en silencio y nos despedimos.
Yo estaba decidida a hacerlo entrar en razones, y me informe y preparé toda una serie de respuestas por las cuales uno no puede abandonar su personalidad y convertirse en otro, aún más desconocido que el anterior por que un día se sintió insatisfecho. No no no. No va con las normativas que rigen a esta cuerda sociedad. “¿Y si a todos se nos diera por andar cambiando personalidades?, te imaginas el caos que sería?” “¿Por qué seríamos felices siendo por fin quien queremos ser?” “No, por que no nos conoceríamos en lo absoluto” “Ahora tampoco”.
El asunto me estaba exasperando. No es que yo fuera intolerante, pero tampoco era cuestión de dejarlo cometer un suicidio, un atentado a lo que es correcto. Insistí con el tema, pero sin obtener una respuesta satisfactoria… Hasta que un día reaccionó, ya harto de las acusaciones y dolido por mi escasa capacidad de entendimiento se dirigió a mi y suavemente me dijo… “si te hace feliz, volveré a ser quien era. Aún cuando no es lo que deseo, ni lo que me hace feliz… mi amor por vos, es mucho más grande.” Y me dedico una mirada inquisidora. En ese momento me sentí chiquita… y lo comprendí. No era un capricho… era un acto de valentía, de ejercicio plenamente responsable de su libertad… era animarse a ser feliz. Entonces lo miré y le dije “no, quiero que seas quien vos quieras ser… sino, no serías vos”.