jueves, agosto 04, 2011

Ahora, que cae la noche

Tengo un amor. De esos amores de novela. De esos que van a pasar 50 años, y aún sin decirle nada, va a seguir siendo mi amor. De esos en los que nunca probé sus labios, y los deseo con una locura paciente, con una locura no urgente, si es que existe tal cosa.
Tuve tantas caricias intermedias. Tantos besos insignificantes, tantos momentos por los cuales suspirar, y él en mi cabeza, se adueñó de todos ellos, como una decisión irrevocable. Una especie de autoritarismo terrenal.
No puedo evitarlo, es tragicómico el asunto. Y aunque él nunca vaya a amarme, he logrado abrir en su vida una pequeña grieta.
Estoy tan triste. Siempre pude presentir los finales definitivos como se presienten las grandes tormentas. Y ahora que estamos tan lejos, que nunca voy a tener la oportunidad de decirle tantas cosas sin que suenen a despedida, estoy infinitamente triste.

ausencias

Yo te lo advertí, y eso que siempre te advierto (y vos nunca escuchás). No es por que sea tarde, y todo haya sucedido tal cual yo te lo dije, ni siquiera es un típico caso de "i told you so", no, si quisiera reírme de vos, lo haría en tu cara, no con sarcasmo barato.
Pero bueno, yo siempre hablo de más, eso es verdad, pero tu foto en la mesita de luz, nunca me habla lo suficiente.