miércoles, noviembre 30, 2011

Mi papá una noche de verano me regaló una estrella. Fue mucho menos romántico el asunto de lo que suena. A decir verdad lo molesté tanto con el asunto de la misma estrella, todas las noches, brillando intensamente allá en el cielo, solitaria, prepotente, hermosa, que una noche sentados en el patio miro hacia el cielo y me dijo; mirá! allá está tu estrella!
Desde esa noche es mía. Simbólicamente, pero mía.
Jamás, pero jamás me abandona. Y jamás pero jamás nadie le presta atención.

09/09

"en la vida hay amores, que nunca pueden olvidarse". Esa frase desafinada e hiriente retumbaba por los pasillos mientras me alejaba del subte. Nunca había llorado sola en público. Buenos Aires rugía bajo el calor del mediodía. La soledad fue tan palpable.
Prometí que nunca iba a quererte como te quiero. Me juraste que nunca ibas a dejar de quererme como me quisiste. Era hasta casi predecible esta situación, y sin embargo nunca se me cruzó por la cabeza.
Me falta un pedazo de alma; me faltás vos. Cuando yo me desvelo llena de remordimientos y extrañándote, el mundo no se detiene ni siquiera para lamentarse un segundo? Para llorar por lo que podría haber sido y no fue?. Soy una burda imitación de mi misma. Mi imaginación se ha quedado sin alas.
La grieta que se abrió bajo nuestros pies nos colocó estratégicamente en mundos paralelos. El mío se asemeja bastante al infierno...

lunes, septiembre 12, 2011

"Well, knowing you,
you'd probably laugh and say
that we were always worlds apart.
(...)
But as for me,
I still remember how it was before
and I am holding back the tears no more.
uh uh uh
I love you, uh"

Here Today - Paul McCartney

lunes, septiembre 05, 2011

Sueños

Soñé, que por alguna extraña razón, mi vestimenta se asemejaba a la de una mucama de clase alta. Pollera negra, camisa negra, y un delantal con puntilla perfectamente blanca. Estaba parada cerca de la puerta, mirando a través del gran vidrio que me separaba de la helada noche. De pronto tres señoritas, vestidas de manera por demás sugestiva, me hicieron señas de que las dejara pasar. Acorde a mi disfraz, abrí la puerta atentamente y les indiqué el camino, como si lo conociera de memoria. Al llegar a la puerta, pude ver la brillante "B" que colgaba de ella, toqué sin remordimientos, escuchando la superflua charla de mis tres acompañantes.
Al abrirse la puerta, apareció un tipo. Sabía que no me era familiar, pero muy en el fondo era consciente que aquella persona me pertenecía, en alguna peculiar manera. El asombro de sus ojos confirmó mis sospechas; las tres señoritas eran para él, casi a modo de encargo, y yo estaba siendo engañada deliberadamente. Me invadió una sensación de hastío, como si esta no fuera exactamente la primera vez. Me di vuelta y eche a andar. Llovía, qué cliché.
Caminé por todo el pueblo, para que aquella caminata y aquella lluvia pudiera lavar la sensación espantosa de vergüenza y humillación absoluta que sentía. Él apareció de la nada, no me di vuelta a mirarlo. Caminamos muchas cuadras a una distancia prudente pero sin decir nada. En algún momento él comenzó a susurrarme cosas que no recuerdo, pero que tranquilizaban mi andar y a la vez me producían una infinita nostalgia. No hacía más que caminar, llorar y sonreír de vez en cuando por las cosas que él decía. Sabía que de alguna manera en sus planes no estaba seguirme por todo el lugar, y que había gente esperándolo en alguna parte. Que mi desengaño amoroso no tenía por qué, además de herirlo, quitarle su valioso tiempo.
Llegamos, era verdad que lo estaban esperando. Se alegraron de verlo, y yo aproveché para salir de la situación sin que él pudiera divisarme. Me tomé unos segundos para observarlo desde la oscuridad. Él buscó desesperado mi presencia, y al no encontrarme bajó la vista y se entregó a la merced de toda aquella gente que festejaba su aparición.
Me retiré caminando despacio, sin poder dejar de sonreír, en busca de aquel destino inevitable, justo justo cuando sonó el despertador y toda aquella historia se esfumó.

jueves, agosto 04, 2011

Ahora, que cae la noche

Tengo un amor. De esos amores de novela. De esos que van a pasar 50 años, y aún sin decirle nada, va a seguir siendo mi amor. De esos en los que nunca probé sus labios, y los deseo con una locura paciente, con una locura no urgente, si es que existe tal cosa.
Tuve tantas caricias intermedias. Tantos besos insignificantes, tantos momentos por los cuales suspirar, y él en mi cabeza, se adueñó de todos ellos, como una decisión irrevocable. Una especie de autoritarismo terrenal.
No puedo evitarlo, es tragicómico el asunto. Y aunque él nunca vaya a amarme, he logrado abrir en su vida una pequeña grieta.
Estoy tan triste. Siempre pude presentir los finales definitivos como se presienten las grandes tormentas. Y ahora que estamos tan lejos, que nunca voy a tener la oportunidad de decirle tantas cosas sin que suenen a despedida, estoy infinitamente triste.

ausencias

Yo te lo advertí, y eso que siempre te advierto (y vos nunca escuchás). No es por que sea tarde, y todo haya sucedido tal cual yo te lo dije, ni siquiera es un típico caso de "i told you so", no, si quisiera reírme de vos, lo haría en tu cara, no con sarcasmo barato.
Pero bueno, yo siempre hablo de más, eso es verdad, pero tu foto en la mesita de luz, nunca me habla lo suficiente.

martes, julio 19, 2011

El invierno en buenos aires está siendo brutal, sin piedad alguna.
Me rompió el corazón tantas veces, que me he vuelto loca intentando rearmar los pedazos. Algunos incluso los di por perdidos. Otros se los regale, a modo de ofrenda de paz. Los menos, los intercambié por cuestiones mejores
Llueve para variar, estás tan lejos. Mi soledad es tan absoluta. La casa en penumbras es solo una mala analogía de cómo se encuentra mi humor.
Me hirieron tus palabras en ese momento, me lastimaron sus caricias aquella noche. Mi cabeza no puede más con los antojos ajenos. Si supieras cuánto duele. Si pudieras ver lo que lloro cuando tus ojos no me alcanzan. Me lamento por mi suerte, siento melancolía por este retazo que tengo por alma. Lamo mis heridas.
Vos tan lejos, vos tan horriblemente lejos. Tan desgraciadamente lejos. No tengo más sonrisas para ofrecer, lo lamento.

sábado, mayo 07, 2011

Quiero algodón de azúcar rosa con colorante. Quiero siesta en otoño con olor a jazmín. Quiero helado de menta granizada y limón chapelco, en cucurucho común por favor. Quiero todos los discos de los beatles, y si vienen en oferta mejor. Quiero un beso arisco de mi sobrina, de esos que le cuestan horrores. Quiero recital con emoción. Quiero libro exhaustivamente atrapante. Quiero que no se vaya de mi casa. Quiero charlas larguísimas, interminables, trascendentales. Quiero sus ojos mirándome con ternura. Quiero ese abrazo. Quiero su voz. Quiero vacaciones familiares. Quiero confidencias.
Te quiero a vos. Tengo el alma en pena y aún así...

miércoles, febrero 02, 2011

Llevo varias horas pensando que es lo que me tiene tan bloqueada. He contado los borradores más de una vez y suman siete. Siete desperdicios. Siete no-sirven-para-nada.
¿Acaso lo merece? quien soy yo para juzgar. voy a dejar que estas palabras se escriban solas, y después veremos. Por que siempre después veremos. Son pocos los impulsos que me animo a seguir, aun aquellos que no me dejan dormir por los gritos incesantes que en cada madrugada dan, que me queman la piel.
¿Acaso lo merece? no podría decirlo. Pienso una y otra vez, qué es lo que me tiene tan bloqueada, si es que son aquellos ojos, o estos otros, o por qué he llegado al punto en que me da lo mismo.
No voy a mentirte, es verdad que durante mucho tiempo me carcomió por dentro, y lo odié, eso no voy a negarlo. Fui débil, dejé que mi mundo se consumiera incluso antes de comenzar. Me regocijé en mi dolor. Por más macabro que ello parezca.
Maldigo siempre mi suerte, mi camino elegido... Sincerándome, los volví locos, uno por uno. Fui lo innecesariamente independiente, lo exageradamente arisca y desinteresada como para poder permitir que ellos perdieran la cordura quizá tanto como yo.
Muchas veces me arrepiento, me pregunto si soy yo la que se merece segundas oportunidades.
Y entonces llegó él. Con su sonrisa amplia, los ojos sinceros. Un corazón demasiado transparente, un alma simplemente envidiable. Y yo acá, suspirando por esos labios, me pregunto si después de todo, yo lo merezco a él.

miércoles, enero 26, 2011

te extraño, tanto pero tanto, que mi cabeza no puede pensar más que en tu persona.