"en la vida hay amores, que nunca pueden olvidarse". Esa frase desafinada e hiriente retumbaba por los pasillos mientras me alejaba del subte. Nunca había llorado sola en público. Buenos Aires rugía bajo el calor del mediodía. La soledad fue tan palpable.
Prometí que nunca iba a quererte como te quiero. Me juraste que nunca ibas a dejar de quererme como me quisiste. Era hasta casi predecible esta situación, y sin embargo nunca se me cruzó por la cabeza.
Me falta un pedazo de alma; me faltás vos. Cuando yo me desvelo llena de remordimientos y extrañándote, el mundo no se detiene ni siquiera para lamentarse un segundo? Para llorar por lo que podría haber sido y no fue?. Soy una burda imitación de mi misma. Mi imaginación se ha quedado sin alas.
La grieta que se abrió bajo nuestros pies nos colocó estratégicamente en mundos paralelos. El mío se asemeja bastante al infierno...
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