miércoles, octubre 24, 2007
Si hoy...
Si hoy me dijeran que mañana se acaba el mundo, no importaría, si esta noche me dijeras que te quedarías conmigo.
martes, octubre 23, 2007
Mi pez y yo
jueves, octubre 18, 2007
Crónicas
La gente enseguida corrió al lugar del hecho. Todos se amontonaron. El conductor salió del auto agarrandose la cabeza. Yo no pude ver exactamente que fue lo que pasó, pero la gente corría de un lado para el otro, y muchisimas personas se paralizaron a ver qué estaba ocurriendo.
Yo me corrí unos metros y vi una moto abajo del auto. Apenas si vi unas piernas que dos tipos trataban de hacer reaccionar inútilmente. No sé por qué, me paralizó la escena; me apoyé en un poste sin quitarme los auriculares (no quería escuchar el griterío de la gente) y vi un rato la escena. Definitivamente la persona nunca reacciono, y cuando llegó la ambulancia di media vuelta y me fui.
Ahora tengo esta sensación espantosa de no saber si la persona reaccionó, o tal vez nunca lo haga.
Esas cuestiones que te agarran desprevenido.
lunes, octubre 15, 2007
sábado, octubre 13, 2007
Cafetín
Llegó temprano ese día. Lucía una capelina impecable, blanca, que no dejaba ver en plenitud su rostro de porcelana. Y no es que hiciera falta, por que lo conocía de memoria.
Hacía diez años que trabajaba en ese café. Había empezado lavando los pisos por una cuestión de necesidad económica y espiritual en cierto aspecto. Con solo dieciocho años, mi única vía para ser independiente era ganar algo de plata, y con escasas habilidades, lo único que me consiguió mi sonrisa y buen humor, fue un trapo de piso y varias horas extras. Pero era independiente… y eso nadie podía quitármelo. Luego ascendí a mozo, algunos años después, y fue cuando ella apareció en mi vida; siempre la misma mesa, siempre el mismo silencio, siempre el mismo pedido; capuchino y masas finas por favor. Era nuestro dialogo rutinario; “cómo no, enseguida” era mi estúpida línea.
Mientras me paraba detrás del mostrador a saborear su imagen, recreaba todo tipo de escenas en mi cabeza, comentarios inteligentes, chistes ocurrentes y delicados. Inventaba nombres para ella, según el día y mis estados de ánimo. A veces necesitaba de una Paula, y entonces ella se convertía en la señorita Paula, divertida y audaz, tal vez hasta a veces… y cuando el reloj me lo permitía, tiernamente alocada. Otras veces necesitaba una Alicia, y las cosas se tornaban más serias. Conocía a mis padres, y hablábamos de nuestro casamiento con lujo de detalles. Por otra parte, a veces se llamaba Laura, y me hacía sufrir, me volvía loco con sus puñales casi imperceptibles.
Ella leía mucho, siempre tenía libros distintos, con gruesas tapas y hojas amarillentas que devoraba casi sin tocar su café. Lo mío era más la música, pero con el tiempo comencé a ir a la biblioteca a conseguir esos ejemplares que ella tanto disfrutaba. Algunos me atraparon, otros simplemente me aburrían, y hasta hubo un par de ellos que nunca llegué a comprender. Mario, el chico que trabajaba conmigo me los explica con mucha paciencia y pasión. Estudiaba Literatura, y cada vez que pedía su opinión, sus ojos se encendían, como si alguien hubiera abierto una puerta que no tenía muchas oportunidades de liberar. Era bastante humilde Mario, y apenas si le alcanzaba para sobrevivir por mes y comprar los apuntes de la facultad. A cambio de esas clases particulares que me daba, una vez por mes, adquiría un ejemplar, como regalo, con la única condición que me dejara leerlo primero. Con gusto en un par de meses, me convirtió en un erudito del género fantástico.
Pero ella no se daba por aludida. Tenía el cabello color rojizo, tanto como el fuego, y lo llevaba suelto, dejando caer sus bucles con un estilo salvaje. Sus ojos eran color gris, casi casi transparentes aunque variaban con el estado del tiempo. Tenía un tic nervioso muy gracioso, ya que jugaba con sus cejas constantemente; las arqueaba, las fruncía, las relajaba, y todo tipo de movimientos. Luego de disfrutar una hora de lectura, pedía la cuenta, y antes de que llegara dejaba el dinero junto con la propina y se retiraba. Yo siempre lograba llegar cuando la estela de su perfume comenzaba a desaparecer, y me sonrojaba. Su aroma tenía ese efecto en mí.
De esta manera pasamos días, meses, años. Ella no se percataba de mi presencia, yo era simplemente un fantasma muy enamorado. Pero ese día llegó temprano, y como dije lucía una capelina blanca que no permitía ver su rostro… su rostro de porcelana. Hizo su orden, y cuando yo dije mi rutinaria línea, ella levantó la vista y sonrío. Creo que me paralicé en ese instante, apenas si podía respirar. Devoró su libro, tomó su capuchino frío, comió solo una masa fina, como de costumbre y pidió la cuenta. Me acerqué pero noté que esta vez, no se levantó con prisa. Me puse nervioso, creí que el corazón iba a estallarme. Miré a Mario de reojo quien sonreía divertido con la situación sentado en la caja registradora. Caminé más lentamente, tal vez la señorita no se había dado cuenta de mi proximidad. Creo que fue la cuenta que más tardé en acercar a una mesa, y ella no se inmutó. “Su cuenta señorita” dije con voz muy gruesa. Ella sonrío nuevamente y me contestó “muchas gracias señorito” y sonrió de vuelta. Noté que tenía la sonrisa más bella que jamás había visto. Me pagó y me retiré como corresponde. Ella volvió a llamarme; me pidió un papel y una lapicera y me dijo que me retirara. Estuvo sentada un largo rato escribiendo, hasta que por fin, se levantó y se fue, sin dedicarme una última mirada, como de costumbre.
Me acerqué a su mesa a recoger la taza, y vi el papelito que yo le había alcanzado, todo garabateado y decía;
Hace años que le espero. Mi nombre es Paula, y aunque desconozco el suyo, puedo asegurarle que es usted el hombre de mi vida. Un hombre que se toma tantas molestias por mi persona, no puede ser otro que el hombre de mi vida. Aunque debo admitirle algo; hace años que le espero, y no quiero pasar mi vida esperándole. ¿Tal vez mañana?
Si, tal vez mañana. Ella era MI Paula.
miércoles, octubre 10, 2007
martes, octubre 02, 2007
Te propongo
Te propongo que me perdones, por todas las cosas que he dicho, por todas las cosas que he hecho. No es una excusa que soy también humana, pero si es una razón de ser. Y no te preocupes por mi, yo ya he olvidado todo.
Te propongo que me escuches, no es que tenga demasiado para decir, pero si cosas que quisiera decirte, por que a mi parecer son urgentes, y sumamente importantes. Entonces, sentate, ponete cómodo...
Te propongo que no me odies, ni me ames. Tampoco me quieras, ni me desprecies. Podríamos tan solo disfrutar de la mutua compañía, como si fuera la primera vez que nos vemos, como si jamás nos hubiesemos hecho daño, como si las traiciones no existieran. No sería posible, pero podríamos pretender que si.
Te propongo que me sonrías. Hace tanto que no te veo feliz. Yo también podría sonreír un rato, y podríamos reirnos a carcajadas sin esperar lo que viene después. Total, ¿a quién le importa? seguramente a mi no, y a vos tampoco. Tal vez a ellos, pero quién dice.
Te propongo que confíes, por un rato, en mí nuevamente. Que sepas que no voy a juzgarte por que no me interesa. Que nada puede ser tan relevante para despertar en mi, odio. Así que podés confiar. Tal vez mañana no recuerde nada.
Simplemente te propongo. Por que esta noche es demasiado larga, y ya no la soporto. Simplemente te propongo, por que me siento un poco sola. Simplemente te propongo... el resto queda en tus manos.