Aparentemente son las cuatro de la mañana, y el cuerpo sigue doliendo como los últimos días, la cabeza sigue carburando aún más que los últimos meses, y la misma soledad de hace ya unos años.
Aparentemente son las cuatro de la mañana y ya no hay ruidos, ni celulares sonando, ni médicos entrando y saliendo, ni palabras hirientes en el aire, ni gente que acude a mi pequeñisima persona en busca de consuelo.
Aparentemente son las cuatro de la mañana y él ya no llama. No manda mensajes en los momentos más inoportunos, ya se aburrió nuevamente.
Y todo eso aparentemente, por que mi cuerpo yace en la cama, mirando el techo, con todas estas imagenes en la cabeza. Sin fuerza siquiera para estirar la mano y apagar el velador, o apagar el celular, o desvestirme... Cuatro arañazos en un brazo, 10 cigarrillos en una hora, y nada de eso me devuelve nada.
Ni las sonrisas, ni los delirios, ni las respiraciones pausadas, ni tus manos en las mías, ni tus lecciones de vida, ni el débil pulso, ni las horas compartidas, ni las sillas incómodas que acomodaba a tu lado, ni tus ojos buscandome en esa minuscula pieza... ni... ni...ni.
La vida simplemente no puede seguir de esta manera.