lunes, diciembre 18, 2006

Una cerveza vuela por el aire empapando el pantalón que tanto me costó elegir, tironenado un brazo que no tiene intenciones de ceder, la cara desencajada... y así es como comienza nuestra noche; siempre igual, nunca normal.
Un cigarrillo, y tal vez otro, entre gritos, llantos, desesperaciones, y yo muda... Uno que otro consejo, y otra vez me toca a mi tener calma, tener amor en estas manos en vez de odio. Acariciar una cabeza más atormentada de lo que pensé, tocar una cara desencajada... y poco a poco cesa el llanto. Poco a poco aparecen las sonrisas, una que otra muy lejana... poco a poco las mentiras se diluyen, y ya no importa... nada importa.
La gente mira, observa, comenta, y estoy un poco cansada a decir verdad de levantarte del suelo, de hablar con tranquilidad, de no poder desahogarme de todo esto que tengo dentro, por que ya nadie escucha, todos necesitan pero nadie escucha.
Una bocina, un beso, una orden estricta, y ya está... una noche muy tipica para nosotros dos.

1 comentario:

Romina Zanellato dijo...

oh.. cuanto entiendo esa frustracion, y ese amor...