miércoles, febrero 02, 2011

Llevo varias horas pensando que es lo que me tiene tan bloqueada. He contado los borradores más de una vez y suman siete. Siete desperdicios. Siete no-sirven-para-nada.
¿Acaso lo merece? quien soy yo para juzgar. voy a dejar que estas palabras se escriban solas, y después veremos. Por que siempre después veremos. Son pocos los impulsos que me animo a seguir, aun aquellos que no me dejan dormir por los gritos incesantes que en cada madrugada dan, que me queman la piel.
¿Acaso lo merece? no podría decirlo. Pienso una y otra vez, qué es lo que me tiene tan bloqueada, si es que son aquellos ojos, o estos otros, o por qué he llegado al punto en que me da lo mismo.
No voy a mentirte, es verdad que durante mucho tiempo me carcomió por dentro, y lo odié, eso no voy a negarlo. Fui débil, dejé que mi mundo se consumiera incluso antes de comenzar. Me regocijé en mi dolor. Por más macabro que ello parezca.
Maldigo siempre mi suerte, mi camino elegido... Sincerándome, los volví locos, uno por uno. Fui lo innecesariamente independiente, lo exageradamente arisca y desinteresada como para poder permitir que ellos perdieran la cordura quizá tanto como yo.
Muchas veces me arrepiento, me pregunto si soy yo la que se merece segundas oportunidades.
Y entonces llegó él. Con su sonrisa amplia, los ojos sinceros. Un corazón demasiado transparente, un alma simplemente envidiable. Y yo acá, suspirando por esos labios, me pregunto si después de todo, yo lo merezco a él.