A decir verdad, no me interesa que al saquito de té le falte la etiqueta. Tal vez, en otro momento, me hubiera irritado tanto, pero tanto. Pero hoy, ni me inmuté ante el hecho de que el saquito, efectivamente, no tuviera etiqueta.
Esto hace, y aclaro, que el proceso de tomarse un té, se vuelva algo estresante. Paradojas si las hay. De todas maneras, mi nervios permanecieron inamovibles, y decidí seguir adelante con esta cuestión. Con esta peculiar situación en la cual, siendo las cinco a.m., y habiendo perdido ya la cuenta de cuantas son las horas de sueño que me saltee en los últimos días, el único sonido que se escucha en toda la casa, es el de la pava hirviendo. Yo, que a estas alturas siempre estoy aceleradisimay puse todos mis conocimientos musicales a prueba, lo único que deseaba, era tomarme un té en silencio. Cortar con el implacable frío que me seguía a sol y a sombra, y disfrutar de ese silencio.
Disfrutar del hecho de no tener que lidiar con Buenos Aires, con la facultad, con los malestares, con esta aguda tristeza. No lidiar con el espejo, ni con la falta de aire. Serte infiel a vos y a todos, deliberadamente. No sentir la presión en el pecho de este ritmo vertiginoso que ha tomado mi vida.
Disfrutar, sin que me irrite que el desgraciado saquito, no traiga etiqueta.