lunes, septiembre 12, 2011

"Well, knowing you,
you'd probably laugh and say
that we were always worlds apart.
(...)
But as for me,
I still remember how it was before
and I am holding back the tears no more.
uh uh uh
I love you, uh"

Here Today - Paul McCartney

lunes, septiembre 05, 2011

Sueños

Soñé, que por alguna extraña razón, mi vestimenta se asemejaba a la de una mucama de clase alta. Pollera negra, camisa negra, y un delantal con puntilla perfectamente blanca. Estaba parada cerca de la puerta, mirando a través del gran vidrio que me separaba de la helada noche. De pronto tres señoritas, vestidas de manera por demás sugestiva, me hicieron señas de que las dejara pasar. Acorde a mi disfraz, abrí la puerta atentamente y les indiqué el camino, como si lo conociera de memoria. Al llegar a la puerta, pude ver la brillante "B" que colgaba de ella, toqué sin remordimientos, escuchando la superflua charla de mis tres acompañantes.
Al abrirse la puerta, apareció un tipo. Sabía que no me era familiar, pero muy en el fondo era consciente que aquella persona me pertenecía, en alguna peculiar manera. El asombro de sus ojos confirmó mis sospechas; las tres señoritas eran para él, casi a modo de encargo, y yo estaba siendo engañada deliberadamente. Me invadió una sensación de hastío, como si esta no fuera exactamente la primera vez. Me di vuelta y eche a andar. Llovía, qué cliché.
Caminé por todo el pueblo, para que aquella caminata y aquella lluvia pudiera lavar la sensación espantosa de vergüenza y humillación absoluta que sentía. Él apareció de la nada, no me di vuelta a mirarlo. Caminamos muchas cuadras a una distancia prudente pero sin decir nada. En algún momento él comenzó a susurrarme cosas que no recuerdo, pero que tranquilizaban mi andar y a la vez me producían una infinita nostalgia. No hacía más que caminar, llorar y sonreír de vez en cuando por las cosas que él decía. Sabía que de alguna manera en sus planes no estaba seguirme por todo el lugar, y que había gente esperándolo en alguna parte. Que mi desengaño amoroso no tenía por qué, además de herirlo, quitarle su valioso tiempo.
Llegamos, era verdad que lo estaban esperando. Se alegraron de verlo, y yo aproveché para salir de la situación sin que él pudiera divisarme. Me tomé unos segundos para observarlo desde la oscuridad. Él buscó desesperado mi presencia, y al no encontrarme bajó la vista y se entregó a la merced de toda aquella gente que festejaba su aparición.
Me retiré caminando despacio, sin poder dejar de sonreír, en busca de aquel destino inevitable, justo justo cuando sonó el despertador y toda aquella historia se esfumó.