Te vi, y sé que me miraste. Sonreíste por cortesía, y a decir verdad no era una buena noche. Yo no estaba de humor para intentar nuevos naufragios a tu lado. A decir verdad estaba ya demasiado cansada, y no podía siquiera intentar penetrar en tus pupilas.
No importó, por que ahí estabas. Y eras mi vikingo. Aunque jamás resultaras ser mío. Hacía mucho tiempo ya que no te encontraba entre la gente. Que no sentía esa cuestión en las plantas de mis pies.
Sonreí, por que también puedo llegar a ser cortés. Y aquella no era una buena noche. Y yo no tenía noción de mi propio cuerpo, y no podía, ni quería intentarlo. Sentí que mis pies se clavaron en aquella baldosa, y maldije mi suerte por saber que vos vikingo estabas tan cerca. Maldije mi timidez, mi privacidad, esa celosía de mi espacio que tanto odio. Maldije mis mal de amores, maldije los tuyos. Maldije mis escasas vacaciones, y también a la gente que nos rodeaba. Maldije las distancias, y las pocas palabras intercambiadas. Maldije especialmente el verano anterior. Maldije 7 veces estos 7 años de miradas y sonrisas. Los maldije, y también por qué no a mi, y a vos, te maldije vikingo 10 veces más.
Pero no importa, por que yo te vi, y se que vos me viste a mi.
viernes, diciembre 28, 2007
domingo, diciembre 16, 2007
Noches
Por las noches me invade un espantoso dolor. Justo en el medio de los omoplatos, detrás de los pulmones. Me despierto y doy tal vez una, o quizás dos vueltas. Y espero a que llegue el amanecer, aunque ese momento siga siendo igual de solitario que antes.Recorro las casa con mis pies desnudos y un cigarrillo entre los dedos. Conozco casi de memoria todas las maderitas del suelo, hasta aquellas que están sueltas, y las que se adhieren a la planta de mi pies cuando las piso. Todas y cada una de ellas. Evito los rincones que me recuerdan un amargo sabor en la boca, pero a veces resultan tan inevitables.Mientras comienza el día, mientras los primeros rayos se asoman perezosamente por la ventana. Mientras se consume el cigarrillo, mientras abrazo mis heladas piernas. Mientras que los amaneceres siguen siendo igual de solitarios, y los silencios igual de insoportables pienso, que nunca nadie me eligió a mí... y tal vez nunca lo haga.
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