miércoles, noviembre 30, 2011

Mi papá una noche de verano me regaló una estrella. Fue mucho menos romántico el asunto de lo que suena. A decir verdad lo molesté tanto con el asunto de la misma estrella, todas las noches, brillando intensamente allá en el cielo, solitaria, prepotente, hermosa, que una noche sentados en el patio miro hacia el cielo y me dijo; mirá! allá está tu estrella!
Desde esa noche es mía. Simbólicamente, pero mía.
Jamás, pero jamás me abandona. Y jamás pero jamás nadie le presta atención.

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