Hace días que mi cabeza no deja de dar vueltas. Que late al punto de convertirse en una espantosa sensación. La velocidad con la que se mueve todo a mi alrededor es vertiginosa. Y mientras me acaricio la sien, sentada en la mesa, en silencio, entre libros, fotocopias y apuntes, pienso cuán poco me interesa todo esto, y cómo desearía estar allá, con ella.
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