Envidio a toda esa gente que con solo juntar las palmas de sus manos sienten una clase de alivio. Que puede sentarse una hora, un fin de semana, en un banco frío y encontrar toda clase de respuestas a sus reproches. Siento envidia de que la palabra fe, sea sinónimo de esperanza y paz. Siento celos.
No reniego de todas aquellas costumbres que me han enseñado a través del tiempo, con sacrificio, con una necedad implacable. Simplemente ahora las cuestiono.
Y ahora te envidio, profundamente.
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