Él decidió borrarlo todo de un suspiro. Decidió que yo ya no era buena para él, ni él para mi... decidió que toda esta historia no merecía un final digno, sino un final y punto.
Él ya no piensa en mi, ya no me escribe poesías con las cuales deleitarme. Ya no desea mi muy maltratado cuerpo. Él ya no me extraña cuando llega la noche y su cama está vacía (quizás ya no esté tan vacía). Ya no siente mis manos sobre su cabeza... ya no disfruta los abrazos en silencio. Ya no ve através de mis ojos.
Él ya no me habla; se olvidó de rayuela, de cortazar, de narizita de azúcar... y de tantas otras cosas, que mejor no traerlas a la memoria, por que yo no las olvidé. Él ya no se duerme en mis brazos para que yo pueda contemplarlo... él ya no va a soportar los bancos fríos de la clínica, ni miente sobre lo bien que cocino, ni viene a despertarme con besos y murmullos.
Él ya no espera encontrarme, él ya no se muere de los celos... él ya no me mira con ojos de amor. Él ya no me necesita para que sea su cable a tierra, para esperarlo después de la tormenta y curarle las alas para que siga volando.
Ya no me quiere en su vida... y decidió todo eso mientras yo estaba distraída... mientras yo le contaba a todos lo muy feliz que era.
Él ya no... y lo más triste es que yo si.
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