viernes, noviembre 16, 2007

Olor a libro

Estaba sentada en el piso. Sinceramente había sido un día duro, largo y horriblemente rutinario. Estaba demasiado cansada, y demasiado asqueada de sentirme triste y sola. De sentir que la mayor compañía que podía lograr era la de una radio que apenas sintonizaba alguna que otra f.m.
Llovía, hacía frío, y eso fue motivo suficiente para tirar mi día a la basura e internarme en aquella librería de la calle Santa Fe que tanto adoraba. Dejé mi bolso a un lado, me senté en el suelo, me pasé la mano por la cara empapada y tomé un par de libros. No tenía plata a decir verdad, y tampoco intenciones de llevar ninguno a casa. Bueno, intenciones sí, posibilidades no.
Estaba sumergida en una burbuja, dentro de un torbellino. Si estiraba lo suficiente las manos podría tocar todas aquellas cosas que me atormentaban día y noche. Las angustias en su máxima expresión. La terrible e irremediable idea de ser. Recorrí las páginas, sentí el aroma a libro, a historia, a poema, a un mundo que no era igual al mío. Aquella burbuja podía permanecer intacta en ese preciso instante.
Me agoviaban las costumbres, las obligaciones. Los grandes amores, los pequeños. Aquella cuestión de volverse un ermitaño sin tener la posibilidad de hacer algo al respecto. Una vez que uno comienza a cuestionarse el por qué de las cosas abre una puerta de insomnio y preocupaciones imposible de cerrar. Supongo que eran esas cuestiones las que no lo dejaban dormir de noche. Supongo que son esas cuestiones las que habitan mi cabeza a todo momento. Pero ese aroma irresistible, esa fuerza de gravedad tan hermosa...
Hay mentiras que uno realmente quiere creer... se venden en oferta y por todos lados. Una de ellas es aquella cuestión del vivieron felices por siempre... que los autores se encargan de despiezar, de romper, de convertirla en una triste verdad. Es cierto, si uno es suficientemente humano, llega a enamorarse... y si uno realmente tiene suerte, llega a enamorarse profundamente. Y si todo lo anterior sucede en esta realidad, será solo un momento fugaz, y antes de cualquiera pueda darse cuenta, uno se queda repleto de recuerdos, tontas anécdotas, y un vacío en el costado de la cama que pasará un largo tiempo tratando de "rellenar". La cuestión es que, esas cosas dejan marcas, y aquellas marcas, si uno verdaderamente y realmente llego a enamorarse profundamente y aquello como es de esperar duro un momento que podríamos llamar fugaz, quedaran por siempre ahí. Para molestar, para que de vez en cuando uno recuerde por qué es que está tan amargado con la vida. Y eso es lo que deliciosamente los libros dicen. Por que es mentira que no opinan. Lo hacen, y fuertemente. Solo algunos pueden descubrir cuál es la verdadera opinión de las cosas.
A estas alturas y después de tanto pensar, y dar vueltas sobre el asunto, una mano rompió mi burbuja. Una mano con olor a libro. Una mano con callos de escritor principiante. Una mano con marca de cigarrillos. No fue importante el comentario, ni el libro que timidamente me entregó, ni siquiera podría decir que recuerdo su color de ojos o expresión. Lo importante fue su mano, con sus marcas, para que todo el mundo las vea, y su aroma a libro.

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