A decir verdad, no tenía nada de especial. No podía imaginar un vuelco imaginativo que sirviera de escape (aunque fuera momentaneo) de esa estúpida y aburrida charla. Sus manos no tenían nada de especial, tal vez estaban un poco más pegajosas por la humedad pero eso era todo. Ni siquiera podía decir que esta vez, su café era interesante, ni que pequeños y hasta diminutos monstruos se escondían en su paquete de cigarrillos.
No tenía nada de interesante esos ojos vacíos que se ubicaban en frente de él, pestañando, sonriendo, sumergidos en quien sabe cual realidad. No había ni una pizca de belleza en su pelo, ni sus mejillas, ni la forma de mover las manos al hablar, ni siquiera esa sonrisa que persistía aún, cuando él era incapaz de emitir sonido.
No, no tenía nada de especial que ella fuera una racista-superficial disfrazada detrás de la imagen impactante que proyectaba el crucifijo que colgaba de su cuello. Al menos no este día. Ella no tenía nada de especial. La situación no era ni en lo más mínimo interesante. Estas custiones cotidianas no eran extraídas de mundos fantasiosos a los que se podría asistir libremente.
No, a decir verdad, ser tan anormal, no tenía nada de especial.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario