La mejor ventana que un departamento pudiera pedir... una ventana mágica, donde no entra el viento, ni el frío ni el calor, donde uno no se moja a pesar de que llueva a cantaros. Una venta de secretos, charlas en confidencia, puchos, y quien sabe cuantas otras cosas más.
Un gato se me enrieda en las piernas, buscando apaciguar su soledad diaria y rutinaria, aunque presiento que es muy conciente de que no es lo mismo... de que los largos ratos que compartimos, con una distancia prudente y saludable, es solo para llenar un vacío, tan profundo como el mío tal vez...
1 comentario:
me gusta mucho como escribis.
me haces recordar tanto tanto... que capaz no deberia leerte nunca mas.
un beso.
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