jueves, agosto 24, 2006

Si alguien me hubiera dado a elegir cómo ser, hubiera sido bien distinta. Hubiera sido de esas minas que jamás se enamoran... que usan a cuanto hombre se les cruza en la vida, que los hacen llorar, que jamás derraman una lágrima por nadie! Que se acuestan con quien más le gusta, que se cagan en la novias oficiales, y hacen y deshacen a su antojo. Digamos... de esas mujeres a las que se les puede decir turras.
O sería una damicela en peligro... de esas mujeres que siempre están en problemas, y que siempre hay algún buenudo dispuesto a salvarles el día. Esas mujeres, que una las ve, y piensa que son histéricas, trepadoras, muy poco honestas... y cuando ellos las ven, las ven frágiles, tiernas, y que los adoran por que ellos son sus héroes. Total, unos meses de amor, y después... a otra cosa.
O de esas que son tontitas, que aceptan todo sin discusiones, por que no quieren que él se enoje.
O de las celosas, que los tienen contra las cuerdas toda la relación, y sospechan hasta de sus madres.
Pero no... me tocó ser de las leales, las que jamás serían infieles. Las que no celan por que creen en la libertad del otro. Las que los consuelan cuando están mal a pesar de todo lo que haya pasado en el medio. Las que inevitablemente escuchan las gansadas que ponen por excusas cuando las están dejando... Y las que a final de cuentas se quedan solas, por ser independientes, por no ser pegotes, por no ser histéricas... Por no ser bellas... por que al fin y al cabo, siempre hay alguna como esas en el medio... indefectiblemente.
Si me hubieran dado a elegir... definitivamente sería como una de ellas

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