viernes, marzo 07, 2008

Cosa de locos

Llueve, sale el sol, de repente alerta de tornado, y pacíficamente vuelven las nubes y el sol, pero sin tornado. Si, es algo poco previsible, es hasta algo irónico, y realmente al principio no sabía si debía comprarme un paraguas, un sweater, o quedarme en casa y morir de inanición.
Opté por quedarme en casa (pero sin morir, todavía no soy tan trágica), encerrada entre los libros de matemática y tres millones de cuentas en la cabeza que es igual a la sumatoria de todas las preocupaciones multiplicado los dolores de cabeza dividido los tres fracasos anteriores. Miraba la ventana, tratando descifrar que pasaría después, cuando mi teléfono sonó. No me inmuté mucho, por que mi teléfono rara vez suena. O tal vez por que cuando suena es para preguntar si el señor xxx se encuentra en casa. Respondo con amabilidad, salvo a aquella persona a quien le corté violentamente luego de la quinta llamada y sus intentos de explicarme que era amiga de la señora, que se habían conocido allá por los años... 20? tal vez. N-O-L-O-C-O-N-O-Z-C-O. Y corté. Pero seguió sonando, por lo que me levanté, muy desganada, y levanté el tubo. No, nadie contestó. Se escuchó el ruido de la calle, una voz muy masculina, pero nadie contestó. Esperé unos minutos y colgué. No sé por que razón se me congeló el corazón. Me quedé parada un par de minutos al lado del teléfono, pero nadie volvió a llamar. Detrás mío comenzaba el diluvio de vuelta.

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