sábado, febrero 16, 2008

Sombras

Casi no comprendí qué fue exactamente lo que pasó. Si era que los abismos se cruzaban, o solo los infiernos se congelaban.
No importaba, entre aquella mujer de vestido negro y la luz, no había más que mil dialectos distintos. Sombras y más sombras, que vagan por el limbo hace tal vez una eternidad y media. Se miran a los ojos sin reconocerse, sintiendo una soledad más que penetrante.
Ella sin darse cuenta, parada entre el límite del bien y el mal. En el filo de la luz y la oscuridad, como si alguien pudiera abarcar semejante cosa. Solo gira la cabeza, para un lado y el otro, perdiendo la noción de los sentidos, de los puntos cardinales. Sus pies congelados bajo ese manto negro, sus ojos idos apenas si pueden divisar sus manos que se estiran, y en sus propias alucinaciones intentan tocar el infinito, acogerlo, detenerlo. De un lado la espera un hombre sentado pacientemente en su trono. Sonríe de lado, pero ella no puede verlo. Del otro lado el vacío.
Ella rie freneticamente, y estira sus brazos. Escucha una música estruendosa que la hace danzar en el aire, riendo, moviendo sus manos, sacudiendo violentamente sus telas. Ella rie.
De repente un quiebre, todo cesa. Ella levanta la cabeza, acomodando sus rizos, lo mira, le dedica una última sonrisa y corre hacia el vacío.
Él no hace más que asentir con la cabeza. No sería la primera vez que es derrotado.

No hay comentarios.: