domingo, septiembre 23, 2007

Latía

Latía. Podía sentirlo. Con las yemas de mis dedos, podía sentir cómo latía.
El hedor de ese cuarto se había vuelto absolutamente insoportable, y vuelta tras vuelta no lo lograba, y tal vez nunca lo haría.
Todos esos recuerdos, insoportablemente presentes. ¿Y si le hubiera dicho? ¿y si ella... ? Ya no importaba, yo yacía en el piso, helado, duro, mientras mis fantasmas caminaban por mis extremidades. No les temía, había aprendido que eran parte de mí. Ellos se paseaban decorosamente, como si yo no existiera. Como si mi infima existencia no significara nada. Apenas si podía moverme, y a ellos no les importaba.
Parecía estar llegando, yo podía presentirlo. Mis manos sangraban, ese dolor intermitente, y sangraban; de haberlo intentando, de haberse arrastrado, sangraban como nunca antes lo había hecho. Pero yo no podía moverme, esa era la puta cuestión. Quizás el teléfono sonaría, quizás ahora, y quizás sería ella, y quizás no. Quizás ella pretendiendo volver a levantar un mundo de fantasías. Tal vez a ella la agobiarían sus propios fantasmas también. Esta noche. Hoy, así y de esta manera. Tal vez ella también estaría infinitamente triste, y tampoco lo soportaría, y querría morir, y tal vez por eso llamaría esta vez.
No, no sonaba nada. Solo podía escuchar un sonido estridente en mi cabeza, que estallaba una y otra vez y era desesperante, pero yo no podía moverme. Era pertubador, y solo yo podía oírlo. Ellos reían. Conocían mi sufrimiento, pero no les importaba. Mi penosa existencia no les preocupaba.
Tal vez si, y tal vez no. Pero latía, y yo podía sentirlo, con la yema de mis dedos. Podía sentir que latía.

No hay comentarios.: