Ni siquiera recuerdo cómo fue que comenzó... solo tengo una imagen muy borrosa de haber estado balanceandome en mi silla, mirando el techo y pensando, en todas esas cosas que uno solo revisa cuando tiene la mente en blanco.
Creí pensar que todo en la vida era exactamente blanco o negro, y que los grises eran solo para las ocasiones en las que uno no quería hacerse responsable de la situación.También supuse, en algún tiempo muy lejano, que había cosas imperdonables, irrecuperables, una determinada cantidad de oportunidades muy precisas y listo, después de eso, la falla podía ser letal. Que las cosas eran tan fáciles como decirlas, y jamás, pero jamás uno debería ser capaz de traicionarse a uno mismo, ni siquiera por otra persona.
Entonces, después me hice amiga de un chico que terminó en el colegio militar; con el cuál nos odiamos más que querernos... pero cuando él me necesita, no puedo negarle mi amistad. Entonces después me enamoré, de la persona que no debía, de aquel que me iba a decepcionar una y otra vez, a quien yo también sería muy capaz de lastimar... y nos perdonamos hasta lo inimaginable, pero también nos quisimos de ese modo... Entonces...
La silla dejó de balancearse, la mente dejó de estar en blanco, y como un golpe secó me volvió a la realidad, con sus ruidos, gente caminando a mi alrededor, telefonos sonando... y todo eso mientras mi mente dejaba de estar en blanco.
2 comentarios:
si sabremos de grises...ambas...hemos sabido convivir en ese tono, con otros, entre nosotras, con nosotras mismas...
me encantó este post!
te adoro, sos de esas personas imprescindibles...
Me costo un poco comprender este... gracias por la explicacion... te amo!
Publicar un comentario