martes, enero 03, 2006

Gotas

Una gota, dos gotas, tres gotas... si, pareciera que va a llover, y yo acá sentada, de zapas, un jean medio rotoso, el pelo algo revuelto... y en fin. Cuatro gotas, cinco gotas... si, definitivamente va a llover, no es que me importe tampoco, es un hecho metereológico y nada más.
No puedo evitar mirar el reloj, como si tuviera algo que hacer más que sentarme a esperarte, (y a mojarme un rato, por qué no...). Me prendo un cigarrillo, y sigo esperandote... ¿irás a venir? (mejor hubiera sido avisarte del supuesto encuentro). Pero no tengo nada mejor que hacer que esperar a que tengas una corazonada y vengas a buscarme...
"Toda esa gente parada que tiene grasa en la piel no se entera ni que el mundo da vueltas". A veces me pregunto por que la gente se comporta de manera tan extraña. Pareciera que nada les preocupa, que nada los agovia, ni siquiera parecieran haber probado el gusto de la euforia... Dan vueltas, solitarios, aterrados, enfermos de una sociedad que los lleva por inercia, y todos sabemos muy bien a donde. Pareciera que nunca fueron dueños de su vida, y que siguen al resto por que es la manera más cómoda de atravesar lo duro que significa estar solo y a la vez rodeado de tanta gente.
Seis gotas, siete gotas... recuerdo las tardes tormentosas en las que saliamos a caminar con él, y a mojarnos como si no nos preocupara el uniforme, ni las enfermedades, mucho menos las obligaciones. La tarea era pura y exclusivamente mojarse, por que es bueno, por que es divertido... por que sí y punto. Ocho gotas, nueve gotas; si, lo recuerdo perfectamente, corriendo por el boulevard, salpicandonos... es un hecho que está lloviendo.
No sé muy bien a donde estan dirigidos mis pensamientos hoy... simplemente sé que tuve la necesidad de salir a esperarte, sentarme como si nada me preocupara y esperarte... horas, minutos, años, segundos tal vez. A estas alturas me importa muy poco la maldad de la gente, o la economía mundial. Decidí de una vez por todas sentarme conmigo misma a escuchar lo placentero que se siente estar a solas con mi propia soledad, y de fondo las gotas... diez gotas, once gotas, trece gotas... llueve, y no hay nada que hacerle...

1 comentario:

Anónimo dijo...

LLUVIA
Llueve y tú dices es como si las nubes
lloraran. Luego te cubres la boca y apresuras
el paso. ¿Cómo si esas nubes escuálidas lloraran?
Imposible. Pero entonces, ¿de dónde esa rabia,
esa desesperación que nos ha de llevar a todos al diablo?
La naturaleza oculta algunos de sus procedimientos
en el Misterio, su hermanastro. Así esta tarde
que consideras similar a una tarde del fin del mundo
más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo
una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida
en la memoria: el espejo de la Naturaleza. O bien
la olvidarás. Ni la lluvia, ni el llanto, ni tus pasos
que resuenan en el camino del acantilado importan.
Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo
del Paseo Marítimo. Pero no puedes perderte.