Dormís y ya es tarde para charlar. Para decirte que hoy me arrepentí mucho de haberte dejado con la palabra en la boca y las lagrimas a punto de estallar.
Conocí una vez una mujer... una bella mujer, de quien tengo recuerdos aún más añejos que los propios. Una mujer fuerte, de ojos grandes y de una meticulosidad envidiable. Una mujer a la que le encantaba bailar, a pesar de tener un marido que la frustro más de una vez. Y a quien son más los amigos que la rodean que los enemigos.
Conocí una voz, chillona en la mayoría de las veces, pero que alumbró mis peores silencios. Que me aconsejó infinidad de veces, y a quien siempre me negué a oír. Que me gritó otras cuantas, pero que me dijo los "te quiero" más oportunos que escuché.
Entonces conocí a mi vieja, lisa y llanamente... nada de heroísmos, nada de mujer maravilla... a ella, con sus tantos errores, y sus tantas virtudes. Me senté a escucharla, por que ya nadie la escucha, me senté a tomar mates con ella, solo para que la soledad no se le haga un vicio... me dediqué a acompañarla, para que no piense que ocupa el lugar de secretaria.
Conocí a la mujer por la cual se me parte el corazón cada vez que me subo al cole y me alejo de ella. Conocí a la mujer que siempre espero ver cuando llego a casa... y por quien me pesa más la soledad. A la persona que siempre espero cuando suena el teléfono.
Hoy te miré a los ojos... y me pareció no verte. Hoy me desgarró el alma tu decepción, y no tuve nada a mano para enorgullecerte. Hoy te noté más chiquitita de lo que acostumbro a verte. Hoy te sorprendí en el silencio más sombrío de los últimos años, y no tuve la palabra justa. Hoy vi el miedo en tu cara, y no supe como aullentarlo.
Sé que las cosas no están bien... que por alguna mala pasada del destino, las cosas no te resultaron como las planeaste. Que luchas como nunca vi a nadie luchar para no perder a la persona que más quisiste en tu vida. Que tus hijos, a pesar de todo el esfuerzo, no son la octava maravilla del mundo... y que te sentís sola, por que la mayor compañía diaria son unos peces que apenas si sobreviven en una pecera mal diseñada.
Entonces quería charlar... quería decirte un montón de cosas... pero para variar, llegué justo cuando vos dormías, por que suelo manejar mi vida alrevés.
Quería decirte que ya no me importa que me grites por cosas insignficantes. Que ya no me duele que lo justifiques todo el tiempo. Que no me molesta que no me hables por que no tenes ganas de hacerlo... o que me abraces sin ganas cuando llego. Que me duele más a mí dejarte que a vos... Pero son cuestiones del crecimiento vió, y eso escapa de mis manos...
En muy resumidas cuentas mamita... quería decirte que te amo con toda mi alma, así tal cual sos, por que sos lo más importante que tengo en mi vida... y que cuando tu corazón se canse de querer, yo te presto el mío.
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