... murmuran, aquellas terribles voces siguen murmurando. En los amaneceres, los ocasos. A veces dan gritos capaces de atormentar hasta el alma más serena. Pero generalmente murmuran, poseídas, incansables. Creí estar acostumbrada, creí poder transitar por el mundo flotando, ajena a los hechos, ajena al dolor, al amor, a la vida y a la muerte.
Supuse que si uno se volvía para sus adentros no había necesidad de sentir, de compadecerse. De besar este húmedo suelo tan lleno de odio... de besarlo con labios sinceros, heridos, despreciados. Besarlo con la pasión que un simple mortal pudiera llegar a sentir. No, no lo pensé.
Esas voces egoístas, que no dan lugar a pensamientos limpios, cuerdos. Que controlan mis actos segundo, tras segundo. Sin percatarse del tiempo y el lugar, de los infinitos, de las cosas terrenales. Esas mismas voces que aullaron de dolor. Que gritaron tantas perdidas. Que lloraron sin consuelo, mientras permanecía inamovible. Mientras estos ojos cansados observaban el infierno que los rodeaba.
Fueron esas mismas voces, que a pesar del sol que rajaba la tierra, de las suspiraciones, de las lágrimas, me adviritieron de todo, me dejaron sin aliento. Me golpearon duramente. No respetaron tu dolor, y mucho menos el mío.
Fueron aquellas voces a las que calle deliberadamente, para ir corriendo a abrazarte. Para dejar de vivir mi vida superficialmente, y llorar juntas.
"Can you give me sanctuary, I must find a place to hide"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario